JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Asà que Felipe se repuso un poco se dirigió al aposento de su hermana, tan pálido y demudado que al verle esta exclamó llena de asombro.
—¡Dios mÃo!, hermano, ¿tan mala estoy?
—¿Por qué? —interrogó Felipe.
—Porque la consulta con el doctor Luis te ha asustado mucho.
—No, hermana —dijo Felipe— el doctor no teme nada, y me ha dicho la verdad. Hasta me ha costado sumo trabajo convencerle a que vuelva.
—¡Ah! ¿Va a volver? —dijo Andrea.
—SÃ; ¿te contrarÃa esto quizá, Andrea?
Y al tiempo de pronunciar estas palabras Felipe clavó su vista en la de la joven.
—No —respondió esta con sencillez—, y con tal que esa visita te tranquilice un poco no exijo más; pero entretanto, ¿de qué proviene esa horrible palidez que noto en ti?
—¿Te inquieta mucho, Andrea?
—¡Y me lo preguntas!
—¿Conque me quieres mucho, Andrea?
—¿Qué dices? —preguntó la joven.
—¿Digo, Andrea, si sigues queriéndome como cuando éramos niños?
—¡Oh! ¡Felipe! ¡Felipe!
