JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Efectivamente, Felipe ignoraba por completo dónde vivía José Balsamo, conde de Fénix.
Pero se acordó de la dama, de la marquesa de Savigny, a cuya casa fue trasladada Andrea el 31 de mayo para ser allí socorrida.
Fue, pues, a casa de aquella dama, y la doncella le indicó las señas de la casa de la calle de San Claudio.
Con profunda emoción tocó el aldabón de aquella casa sospechosa, donde, según todas las apariencias, estaban sepultados para siempre la honra y el reposo de la pobre Andrea. No obstante, invocando en su auxilio de voluntad, pronto dominó la indignación y la sensibilidad, para mantener intactas las fuerzas que creía necesarias.
Felipe entró en el patio conduciendo el caballo de la brida.
Aún no había dado cuatro pasos, cuando Fritz salió del vestíbulo, y apareciendo en el último escalón, fue a detenerle con esta pregunta:
—¿Qué queréis, señor?
Felipe se conmovió como si tropezara con un obstáculo imprevisto.
Miró al alemán frunciendo el entrecejo como si Fritz no cumpliera sencillamente con la obligación de criado.
