JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Y esa noche fue cuando vuestra hermana…
—Fue deshonrada, sÃ, caballero.
—¡Deshonrada!
—¡Mi hermana está en cinta!
Balsamo exhaló un grito.
—¡Oh!, es cierto, es cierto —dijo—, ya me acuerdo, me fui sin despertarla.
—¿Al fin confesáis? —exclamó Felipe.
—SÃ; y algún infame en aquella noche terrible… ¡oh!, terrible para todos nosotros, caballero; algún malvado se aprovecharÃa de su sueño.
—¡Ah! Queréis mofaros de mÃ, caballero.
—No; convenceros, sÃ.
—DifÃcil será.
—¿Dónde se encuentra en este momento vuestra hermana?
—En el sitio donde vos supisteis descubrirla.
—¿En Trianón?
—Precisamente.
—Pues voy a Trianón con vos.
Felipe quedó inmóvil de asombro.
—He incurrido en una falta, caballero —dijo Balsamo—, pero soy inocente de todo crimen, aunque dejé a esa niña sumergida en el sueño magnético. En compensación de esa falta, que es justo me perdonéis, sabréis quién es el culpable.
—Hablad, hablad.