JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Capítulo CXLVI

BALSAMO RECURRE AL MAGNETISMO

PARA DEMOSTRAR SU INOCENCIA

Ya eran las tres cuando llegaron nuestros dos hombres a Trianón y la aurora empezaba a teñir de púrpura las columnas y terrados de Versalles.

Cuando llegaron al final de la avenida que conducía a Trianón, Felipe mandó parar el carruaje, y dijo a su compañero:

—Caballero, temo necesitemos esperar aquí algún tiempo. Las puertas no se abren en Trianón hasta las cinco de la mañana, y me figuro que si quebrantamos la consigna, hará sospechar nuestra venida a los vigilantes y guardas.

Balsamo no respondió, sino manifestó con un movimiento de cabeza que aceptaba la verdad de la proposición.

—Por otra parte, caballero —continuó Felipe— esta tardanza me dará tiempo para comunicaros algunas reflexiones que he hecho durante el viaje.

Balsamo fijó en Felipe una mirada vaga, llena de fastidio e indiferencia.

—Como queráis, caballero —dijo— hablad, que os escucho.

—Habéis dicho, caballero —prosiguió Felipe—, que la noche del 31 de mayo dejasteis a mi hermana en casa de la señora marquesa de Savigny.


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