JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Mientras Balsamo cerraba la puerta, Felipe contemplaba a su hermana, lleno de terror y curiosidad.
—¿Estáis en disposición, caballero? —le interrogó.
—SÃ, sà —tartamudeó Felipe temblando de pies a cabeza.
—¿Es decir que podemos empezar a preguntar a vuestra hermana?
—Como gustéis —dijo Felipe respirando con fuerza como para quitar el peso que agobiaba su pecho.
—Antes que nada —dijo Balsamo—, mirad a vuestra hermana.
—Ya lo veo, caballero.
—¿Creéis que duerme?
—SÃ.
—¿Y que por lo tanto no tiene el menor conocimiento de lo que está sucediendo aqu�
Felipe no contestó; pero hizo un gesto que manifestaba duda.
Balsamo se encaminó entonces a la chimenea y encendió una bujÃa que pasó a Andrea por delante de los ojos sin que la llama le hiciera bajar los párpados.
—SÃ, sÃ, duerme —dijo Felipe—; ¡pero qué sueño tan raro. Dios mÃo!
