JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico EL DOCTOR LUÍS Y FELIPE DE TAVERNEY CONFERENCIAN
ACERCA DEL ESTADO DE ANDREA Y CONVIENEN
EN LA CONDUCTA QUE HAN DE OBSERVAR
Meditabundo como siempre paseábase en su jardín el doctor Luis, cuando lo vio Felipe.
Al ruido de los pasos alzó el doctor la cabeza y exclamó:
—¡Ah! ¡Ah! ¿Sois vos?
—Perdonadme, doctor, que haya venido de este modo a turbaros en vuestra soledad; pero ha llegado el momento que habíais previsto; os necesito, y vengo a solicitar vuestra asistencia.
—Os prometí que os la daría caballero —dijo el doctor—, y os lo prometo de nuevo.
Felipe se inclinó sumamente conmovido, para entablar él la conversación.
El doctor Luis comprendió su indecisión, y asustado con la palidez de Felipe, temeroso de que hubiese sucedido alguna catástrofe a consecuencia de aquel drama, preguntó:
—¿Cómo se encuentra la enferma?
—Muy bien, a Dios gracias, doctor, y mi hermana es una joven digna y honrada; tan digna y honrada, que sería injusto que sufriese o corriese algún peligro.
El doctor miró a Felipe como para preguntarle, figurándose que volvía a negar como la víspera.
