JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Y qué es lo que hacÃais allÃ?
—ResidÃa allÃ.
—¿Estabais al servicio de la familia?
—No, era comensal.
—¿Y habéis dejado a Taverney?
—SÃ, señor, pronto hará tres años.
—¿Y habéis venido…?
—A ParÃs, donde primero estudié en casa de M. Rousseau, y luego fui colocado en los jardines de Trianón en clase de aprendiz de jardinero y florista por influencia de M. Jussieu.
—Amigo, citáis nombres excelentes, ¿y qué deseáis?
—Voy a decÃroslo.
Y haciendo una pausa, lanzó a Balsamo una mirada que no carecÃa de firmeza.
—¿Recordáis —continuó diciendo—, de que el viernes hará seis semanas fuisteis a Trianón una noche que hizo una gran tormenta?
Balsamo estaba serio; pero tomó un aspecto sombrÃo.
—Sà me acuerdo —dijo—, ¿me visteis casualmente?
—Os vi.
—Pues asÃ, ¿veneréis a que os pague porque guardéis secreto? —dijo Balsamo con tono amenazador.