JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Cuando Gilberto llegó a la calle de Pastourel, se sentó en un guardacantón, y tendiendo la vista a su alrededor para convencerse de que nadie le espiaba, sacó del bolsillo los billetes del banco, arrugados a fuerza de apretarlos en la mano.
—Veamos —dijo mirando los billetes— si ese hombre me ha engañado. He oído asegurar que circulan muchos billetes falsos con que los calaveras de la corte engañan frecuentemente a las actrices del teatro de la Ópera.
Y sacando del paquete un billete de diez mil libras, entró en casa de un mercader y preguntó, mostrando el billete, dónde vivía un banquero que se lo cambiase, según le había encargado su amo.
El mercader cogió el billete, le dio muchas vueltas, asombrándose de tenerlo en la mano, porque la cantidad era pomposa y su tienda bien modesta, y enseguida indicó, en la calle de Santa Avoya, el capitalista que Gilberto precisaba.
El billete era bueno.
