JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico EN QUE GILBERTO COMPRENDE QUE ES MÁS FÁCIL
COMETER UN DELITO QUE VENCER UNA PREOCUPACIÓN
Conforme iba disminuyéndose la sensación dolorosa que se había apoderado de Gilberto, eran más claras y terminantes sus ideas.
Recordó que una noche, en épocas más felices, había tratado de adquirir noticias de Andrea, verla y aun oírla, y que con peligro de su vida, cuando aún no se hallaba repuesto de la enfermedad que siguió al 31 de mayo, se deslizó por las canales desde el piso principal hasta abajo, esto es, hasta el bienaventurado suelo del jardín.
—Veamos, pues —dijo para sí—, si voy a buscar recuerdos por última vez al lugar en que estuve presente; sí voy a buscar nuevamente de rodillas, en la arena de las calles de árboles, la huella adorada que han debido dejar impresa los pasos de mi querida.
Suspendió Gilberto su monólogo para fijar una mirada profunda en el sitio en que debía estar el pabellón.
Después de un momento de silencio e investigación:
—No parece —agregó— que el pabellón esté habitado por otros inquilinos; ni se ve luz, ni se oye ruido, ni hay ninguna puerta abierta; ¡vamos, pues!