JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo CLIX

Durante el viaje todo asustaba a Gilberto, presumiendo que el ruido de los coches que seguían o dejaban atrás al suyo, y los suspiros del viento entre las secas ramas de los árboles, eran una persecución organizada, o gritos exhalados por aquellos a quienes había robado el niño.

Ningún peligro le amenazaba, y el postillón cumplió debidamente con su obligación, llegando los dos caballos, que despedían humo por todas partes, a Dammartín, a la hora que Gilberto había señalado, es decir, antes que clareara el día.

Gilberto entregó un medio luis, mudó de postillón y caballos, y siguió su viaje.

En la primera parte del camino, el niño, perfectamente abrigado con la mantilla de lana y resguardado por Gilberto mismo, no tuvo frío ni lanzó un grito tan sólo; y así que amaneció el día, al ver a lo lejos la campiña. Gilberto se mostró con más ánimo, entonando, para dominar los quejidos que el niño comenzaba a soltar, una de las canciones que cantaba en Taverney, cuando volvía de sus cacerías.

De manera que este último conductor no sospechó siquiera que Gilberto llevaba consigo un niño en el cabriolé.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker