JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Felipe de Taverney, caballero de Casa-Roja, no se parecía a su hermana más que en la hermosura en que ambos corrían parejas con relación a su sexo. Verdaderamente la expresión dulce, al par que altanera de su mirada, la elegante armonía de sus facciones, la finura de sus manos, la bella forma de su pie y la gallardía de su talle, le prestaban un aire noble, gracioso y marcial.
Como esas almas nobles y distinguidas a quienes la vida y el mundo mortifican, Felipe, sin ser sombrío, era por naturaleza triste. Tal vez la dulzura que resplandecía en sus ojos nacía de aquella tristeza, pues sin ella, hubiera naturalmente sido dominante, soberbio y poco accesible. La precisión de vivir con todos los pobres sus iguales de hecho, y con los ricos que lo eran de derecho, doblegaba aquel carácter que el cielo había criado duro, imperioso y susceptible; y si en ocasiones mostraba mansedumbre, semejante a la del león era algún tanto despreciativa.
Tan pronto abrazó a su padre, cuando su hermana, libre ya del entorpecimiento magnético por la sorpresa que aquel feliz suceso le ocasionara, se apresuró, como ya dijimos, a echarse en sus brazos, expresando con sollozos de alegría lo importante que era aquel inesperado encuentro para el corazón de nuestra casta joven.
