JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Saludó humildemente el extranjero; y alzando después su rostro lleno de inteligencia y de expresión, fijó, aunque con respeto, su mirada sobre la princesa, y esperó en silencio que esta le preguntase.
—Si sois vos de quien ha hablado el señor de Taverney —dijo MarÃa Antonieta—, aproximaos, caballero, y veremos cómo es un hechicero.
Inclinóse nuevamente Balsamo, y dio un paso hacia adelante.
—¿Pronosticáis por oficio? —dijo la princesa observándole con más curiosidad que ella mismo quisiera concederle, y bebiendo a sorbos la leche.
—Aunque no pronostico profesionalmente, pronostico, señora.
—Educados en la verdadera fe, únicamente creemos en los misterios de la religión católica.
—Son muy respetables, sin duda —contestó Balsamo con profundo recogimiento—. Sin embargo, he aquà al señor cardenal de Rohán, quien aun siendo prÃncipe de la Iglesia, dirá a Vuestra Alteza que existen otros misterios dignos también de respeto.
Conmovióse el cardenal: a nadie habÃa dicho su nombre: nadie lo habÃa pronunciado; y el extranjero lo sabÃa.
Fingiendo no advertir esta circunstancia, MarÃa Antonieta continuó:
