JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Un profundo silencio reinó por breves instantes, durante el cual, nuestro desconocido reconcentró todos sus pensamientos.
Después pronunció las siguientes palabras:
—Rendid, señores, esas espadas que de nada sirven en vuestras manos y oÃd mis palabras, que van a enseñaros cosas de mucho más interés para vosotros.
La expectación fue mayor.
—El manantial de los grandes rÃos es con frecuencia divino y desconocido por lo tanto; como el Nilo, el Ganges y el Amazonas conozco adonde voy, pero ignoro de dónde vengo. Todo lo que recuerdo es el dÃa en que los ojos de mi alma se abrieron para distinguir los objetos exteriores, y me hallé en la santa ciudad de Medina, recorriendo los jardines del Muphti Salaaym.
»Amé como a mi padre a aquel hombre venerable que me trataba con cariño, y me hablaba muy respetuosamente. Tres veces al dÃa se apartaba de mà viniendo en su lugar otro anciano cuyo nombre pronuncio con la mayor gratitud y admiración. Althotas era el nombre de este varón respetable, receptáculo augusto de todas las ciencias humanas, habiendo sido instruido por los siete espÃritus superiores de todo cuanto necesitan los ángeles para comprender a Dios. Él fue mi director y mi maestro: es mi amigo, amigo venerable; pues dobla la edad al más anciano de entre vosotros».
