JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —El caballo árabe que nos viene siguiendo.
—¿Qué caballo árabe es ese?
—El que intenté comprar.
—¡Ay, sÃ…!, viene montado por una mujer; ¡hermosa criatura!
—¿De quién dices eso?… ¿de la mujer o del caballo? —De la mujer.
—Llámala: acaso sea más expansiva contigo que conmigo… DarÃa muy gustoso mil doblones por el caballo.
—¿Y por la mujer?… —preguntó sonriendo su hermana.
—Me arruinarÃa… Llámala, llámala.
—¡Señora! —gritó esta—, ¡señora!
Pero la joven de los ojos negros, envuelta en una capa blanca y cubierta la cabeza con un sombrerillo de fieltro, pasó rápida como la flecha por un lado de la carretera gritando:
—¡Avanti, Djerid, avanti!
—Es italiana —dijo el vizconde—, ¡qué lindÃsima es! Juro por mi vida, que si no me molestara tanto este brazo, saltaba del coche y corrÃa en pos de ella.
—La conozco —dijo Gilberto.
—¿Es quizá este aldeano almanaque para la provincia? Conoce a todo el mundo.
—¿Cómo se llama? —preguntó Chon.