JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Luis XV retrocedió un paso al hallar de un modo tan inesperado a aquel nuevo actor, que venÃa a mezclarse en la escena, para dificultar su salida.
—Demonio —murmuró para s×, ya no me acordaba de este. No me disgusta, sin embargo, su venida; él pagará por todos.
—¡Ah…!, ¿sois vos? —exclamó—. Os he mandado llamar, ¿lo sabÃais?
—SÃ, señor —contestó francamente el ministro—, y cuando recibà la orden, me disponÃa a ver a Vuestra Majestad.
—Está bien. Tengo que tratar con vos de negocios formales —dijo Luis XV frunciendo el entrecejo, con objeto de atemorizar, si era posible, a su ministro; pero desgraciadamente M. de Choiseul era de los hombres menos asustadizos del reino.
—También yo, si lo consiente Vuestra Majestad, tengo que hablar de asuntos del mayor interés —contestó el ministro inclinándose y dirigiendo una ojeada al prÃncipe que estaba casi oculto tras el reloj.
—No hay escape —dijo para sà Luis XV confuso—, heme aquà cogido también por este lado, y encerrado en un triángulo de donde no es posible escapar.
Pero procurando descargar el golpe primero sobre su antagonista, dióse prisa a decir en alta voz:
