JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Luis XV dirigióse al gabinete; allà tenÃa la costumbre de detenerse, antes de alguna cacerÃa o paseo, algunos instantes para dar sus órdenes particulares, según la clase de servicio que necesitaba para el resto del dÃa.
—En cuanto llegó a la galerÃa hizo una seña a sus cortesanos, dando a entender que deseaba quedar solo.
Asà que lo consiguió, se adelantó por un corredor que comunicaba con las habitaciones de sus hijas, y al hallarse ya ante la puerta de estas, que ocultaba una mampara, detúvose un instante moviendo la cabeza.
—Una sola habÃa buena —murmuró entre dientes—, y acaba de partir.
Un estrépito de voces contestó a este axioma nada satisfactorio para las que quedaban: abrióse la mampara, y Luis XV se oyó saludar por estas palabras que le dirigió en coro un trino furioso:
—Gracias, padre mÃo.
Y el rey vióse rodeado de sus tres hijas.
—¡Ah!, eres tú, Loque —dijo al dirigirse a la mayor, es decir, a madame Adelaida—. ¡Ah!, ¡cómo ha de ser! Lo mismo si te incomodas, que en caso contrario, he dicho la verdad.
