JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Temeroso Gilberto de que le siguieran, separóse del camino real, y fue de bosque en bosque parándose después de haber corrido legua y media en tres cuartos de hora.
Miró a su alrededor y se tranquilizó al verse enteramente solo. Procuró entonces aproximarse al camino que, según sus cálculos, debÃa ser el de ParÃs; pero unos caballos que descubrió cerca de la aldea de Roquencourt, conducidos por lacayos con librea de color naranja, le asustaron en tal forma, que curó de la tentación de andar por caminos reales y se escondió de nuevo en los bosques.
—Vamos a descansar a la sombra de estos castaños —dijo para s×, pues si me buscan en alguna parte, ha de ser en el camino real; y esta noche, de árbol en árbol, de espesura en espesura, fácilmente entraré en ParÃs. He oÃdo decir que es grande, yo soy chico: allà me confundiré.
Le pareció tanto mejor esta idea, cuanto que el tiempo estaba hermoso, sombrÃo el bosque y el suelo mullido. Los rayos de un sol, intermitente ya, que principiaban a ocultarse tras los collados, habÃan secado la hierba y arrancado de la tierra los blandos perfumes de la primavera, que participan a la vez de la flor y de la planta.
