JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Extraordinariamente satisfecho Gilberto con la buena suerte que en los casos más desesperados le proporcionaba siempre un apoyo, caminaba delante, no sin volverse para mirar de vez en cuando al hombre extraño, que tan fácilmente habÃa sabido hacerle tan dócil y obediente.
De este modo le condujo hacia los musgos, que eran en efecto magnÃficos capilares, y después que el anciano hubo hecho su colección, se dedicaron a buscar nuevas plantas.
Gilberto era mucho más competente en botánica de lo que él mismo creÃa. Nacido en medio de los bosques, conocÃa, como amigas de su infancia, las plantas que en ellos crecen. A medida que las designaba bajo sus nombres vulgares, el anciano se las daba a conocer bajo su nombre cientÃfico, que Gilberto, al volver a encontrar una planta de la misma familia intentaba repetir, si bien estropeaba dos o tres veces los nombres griegos o latinos. DescomponÃa entonces su compañero la construcción material de la palabra, y le hacÃa ver sus velaciones, y el fin de ella; y Gilberto aprendÃa de esta suerte, no sólo el nombre de la planta, sino además la significación de la palabra griega o latina, con que Plinio, Linneo o Jussieu la habÃan calificado.
