JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Se había reunido efectivamente, el capítulo, como habían dicho las religiosas a la extranjera, a fin de convenir los medios de hacer un brillante recibimiento a la hija de los Césares.
Así inauguraba su autoridad suprema en San Dionisio Su Alteza Real madame Luisa.
Tan pronto como se difundió la noticia del esplendor regio de aquella solemnidad, vióse redoblar la ardiente e irresistible curiosidad de los parisienses que en pequeños grupos causan risa, según Mercier, pero que hacen meditar siempre y llorar a veces cuando se reúnen en masa. Desde el alba habían llegado de diez en diez, de ciento en ciento, de mil en mil los habitantes de la gran ciudad, que abandonaban sus cubiles.
