JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Lo que ocurrió durante la conversación del viajero con el sabio fue lo que sigue.
Ya dijimos que al caer el rayo, la señora del cabriolé se habÃa desmayado.
Algunos momentos quedó sin sentido, y como sólo el miedo habÃa causado su desmayo, volvió de él poco a poco.
—¡Ay, Dios mÃo! —exclamó—, estoy sola y sin auxilio. ¡No habrá quién se compadezca de mÃ!
—Señora —murmuró una voz tÃmida—, aquà estoy yo si puedo serviros en algo.
La joven se incorporó al oÃr estas palabras, y asomándose por las cortinas del cabriolé, vio a un joven que se hallaba de pie sobre el estribo.
—¿Sois vos, caballero, quién me ha dirigido la palabra?
—Yo soy —contestó el joven.
—¿Y me habéis ofrecido socorro?
—SÃ.
—¿Qué ha ocurrido?
—Una exhalación que ha descendido casi sobre vos y ha roto los tirantes de los caballos delanteros, uno de los cuales ha huido con el postillón.
La mujer miró entonces a su alrededor, manifestando la mayor inquietud.
