JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Lo que en primer término llamó la atención de nuestro viajero al salir del coche, fue el joven que estaba de pie y azorado. Un relámpago que centelleó en aquel mismo instante le permitió examinarle detenidamente, según acostumbraba siempre que algún objeto extraño o algún personaje desconocido se ponÃa delante de él.
Era un joven que tendrÃa de dieciséis a diecisiete años, de pequeña estatura, delgado y nervioso. Los negros ojos se fijaban con resolución sobre el objeto que menos impresión le produjera, y aunque faltos de dulzura, no dejaban de tener gracia; la nariz aguileña, labios delgados y pómulos salientes, revelaban astucia y circunspección, en tanto que la decisión se manifestaba en él por la prominencia de su redonda barba.
—¿Sois vos el que ha gritado? —interrogó el extranjero.
—SÃ, señor —contestó el joven.
—¿Y por qué gritasteis?
—Porque…
Nuestro joven quedóse indeciso.
—¿Por qué? —repitió el viajero.
—¿No habÃa una señora en el cabriolé? —prosiguió el joven.
—Efectivamente.