La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Iba seguido del señor de Valory.
Durante el trayecto, una de las hebillas de los zapatos del primero se desprendió; el Rey continuó sin hacer caso, pero su acompañante la recogió.
Charny se adelantó algunos pasos, habiendo reconocido al Rey, no por su persona, sino por el señor de Valory, que le seguía.
Era de aquellos que siempre quieren ver un Rey en quien lo es.
Y dejó escapar un suspiro de dolor.
—Venid, señor, venid —murmuró.
Y preguntó en voz baja al señor de Valory:
—¿Y la Reina?
—Nos sigue con vuestro hermano.
—Bien; tomad el camino más corto e id a esperarnos en la puerta de San Martín; yo tomaré el más largo; la cita es alrededor del coche.
El señor de Valory se precipitó por la calle de San Nicasio, ganó la de San Honorato, después la de Richelieu, luego la plaza de las Victorias, y por último la de Bourbon-Villenueve.
Entonces se esperó a la Reina.
Transcurrió más de media hora.
No trataremos de pintar la ansiedad de los fugitivos: Charny, sobre el cual pesaba toda la responsabilidad, estaba como un loco.