La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Caminar por medio del bosque era en extremo incómodo, y aun a veces peligroso. El guía, fuese de propósito o sin querer, perdió la pequeña tropa; los húsares se veían forzados a echar pie a tierra a cada instante para subir o bajar una montaña, y el camino era en ocasiones tan estrecho que tenían que marchar uno a uno. Un húsar cayó en un precipicio; sus gritos hicieron conocer que no había muerto y sus camaradas se negaron a abandonarlo, y se perdieron para sacarlo de aquel barranco tres cuartos de hora; los mismos precisamente durante los cuales el Rey era detenido y conducido a casa del señor Sausse.
A las doce y media, hora en que los señores de Bouillé y de Raigecourt corrían por el camino de Dun, el duque de Choiseul, desembocando por el camino de travesía, se presentaba al otro extremo de la ciudad.
A la altura del puente fue acogido por un vigoroso ¿quién vive?, dado por un guardia nacional que estaba de centinela.
—¡Francia! ¡Húsares de Lauzun! —contestó el señor de Choiseul.
—¡No se pasa! —contestó el guardia.
Y gritó: «¡A las armas!».