La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Veamos lo que hacía durante estas horas de angustia el señor marqués de Bouillé, con tanta impaciencia esperado en Varennes, y en el cual se cifraban las últimas esperanzas de la real familia.
A las nueve de la noche, es decir, poco después del momento en que los fugitivos llegaron a Clermont, el marqués de Bouillé y su hijo el señor Luis de Bouillé, salían de Stenay y se adelantaban hacia Dun, para aproximarse al rey.
Temiendo que su presencia en esta última ciudad fuese notada, el marqués y los que le acompañaban se detuvieron a un cuarto de legua de ella; Bouillé se situó en una zanja que limitaba el camino, hizo colocar los caballos detrás y esperó.
Era la hora en que, según toda probabilidad, debía aparecer el correo del rey.
En circunstancias semejantes, los minutos parecen horas, y las horas siglos.
Se oyeron dar lentamente, y con esa impasibilidad que los que esperan quisieran regular por los latidos de su corazón, las diez… las once… las doce… la una… las dos… y las tres de la madrugada.
