La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Se llegó tarde a Châlons, donde el coche penetró en el patio de la intendencia, habiéndose enviado correo de antemano para preparar los alojamientos.
Aquel patio estaba obstruido por la guardia nacional y por los curiosos.
Se hizo preciso desviar a los espectadores para que el rey pudiera apearse del coche.
Fue el primero en bajar; seguÃale la reina con el delfÃn en brazos; después madame Isabel con la princesa, y después la señora de Tourzel.
En el momento en que Luis XVI sentaba el pie en la escalera resonó un tiro, y la bala silbó en los oÃdos del rey.
¿Era un conato de regicidio, o un simple accidente?
—¡Bueno! —exclamó el rey, volviéndose con mucha calma—, ¡he ahà un torpe a quien se le ha disparado el fusil!
Y añadió en voz más alta:
—¡Es preciso tener cuidado, señores, porque una desgracia sucede muy pronto!
Charny y los dos guardias de corps pudieron seguir a la familia real sin que nadie lo impidiera, y subieron detrás de ella.
