La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —El conde está en la antecámara de Vuestra Majestad —contestó la señora de Misery—, y solicita el honor de un momento de audiencia.
—¡Ah! —murmuró la reina—, ¡ha cumplido su palabra!
Las dos damas se miraron sin saber qué querÃa decir la reina, que ansiosa e incapaz de pronunciar una palabra más, les hizo una seña para que se apresurasen.
Jamás tocador alguno fue más rápido, si bien es verdad que MarÃa Antonieta se contentó con retorcer sus cabellos, los cuales habÃa hecho lavar con agua perfumada, a fin de quitar el polvo, y ponerse un peinador de muselina blanca.
Apenas entró en su habitación, estaba tan pálida al ser introducido el conde de Charny, que parecÃa tan blanca como su peinador.