La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿Perdones a mÃ, señor conde? Y ¿con qué motivo?
—Por la manera de conducirme con vos durante seis años…
Andrea miró al conde con profundo asombro.
—¿Me he quejado alguna vez, caballero? —preguntó.
—¡No, señora, porque sois un ángel!
A pesar suyo, los ojos de Andrea se velaron, y sintió que las lágrimas se deslizaban bajo sus párpados.
—¿Lloráis, Andrea? —dijo Charny.
—¡Oh! —exclamó Andrea, derramando abundantes lágrimas—, dispensadme, caballero, pero no estoy acostumbrada a que me habléis asÃ… ¡Dios mÃo, Dios mÃo!
Y se dejó caer en un canapé, ocultando la cabeza entre sus manos.
Después, al cabo de un instante; separólas de su rostro y exclamó:
—¡Verdaderamente estoy loca!
De pronto se detuvo, mientras que ocultaba los ojos entre sus manos; Charny se habÃa arrodillado ante ella.
—¡Oh! —exclamó—, ¡vos de rodillas y a mis pies!
—¿No os he dicho, Andrea, que venÃa a pediros perdón?