La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Ya hemos indicado que la mujer era de raza plebeya, como los nombres lo prueban: así el nombre de pila como el apellido, denuncian el origen. Hija de un grabador, trabajaba ella misma en este oficio, hasta que a la edad de veinticinco años se casó con Roland, que tenía veintidós más que ella; entonces, dejando el oficio de grabador, se hizo copista, traductora y copiladora. Obras como el Arte del fabricante de lana rasa y seca y el Diccionario de las fábricas, habían absorvido en un pesado e ingrato trabajo los más hermosos años de aquella mujer de vigorosa naturaleza, que se conservó virgen de toda falta, si no de toda pasión, no por esterilidad de sentimientos, sino por pureza de alma.
En el cariño que había consagrado a su esposo, el respeto de la hija se anteponía al amor de la mujer, que era una especie de culto casto, fuera de todas las relaciones físicas; llegaba hasta el punto de hacerla dejar su trabajo del día, que desempeñaba por la noche, para preparar las comidas de su esposo, cuyo estómago debilitado no podía soportar más que cierto género de alimento.
En 1789, la señora Roland observaba esta vida oscura y laboriosa en provincia. Su marido habitaba entonces en lo que llamaban cercado de La Platière, del que tomó el nombre; estaba situado en Villefranche, cerca de Lyon, y allí fue donde los dos se estremecieron al oír el cañón de la Bastilla.