La Condesa de Charny
La Condesa de Charny «Si los reyes quieren combatirnos —contesta Pétion—, al deponer a Luis XVI les privamos de su más poderoso aliado, mientras que dejándole en el trono se les proporciona toda la fuerza que le habremos devuelto».
Brissot, a su vez, sube a la tribuna y va más lejos, examinando esta cuestión: «¿Se puede juzgar al rey?».
—Más tarde —dice— discutiremos, en caso de destitución, cuál será el gobierno que debe reemplazar a la monarquÃa.
Parece que Brissot estuvo magnÃfico. Madame Rolan asistÃa a la sesión; escuchad lo que dijo:
«No fueron aplausos, sino gritos frenéticos; tres veces la Asamblea se levantó en masa, con los brazos extendidos y los sombreros al aire, poseÃda de un entusiasmo indescriptible. ¡Perezca para siempre el que haya sentido o participado de esos grandes movimientos y que aún consintiera esclavizarse de nuevo!».
He aquÃ, pues, que no solamente se puede juzgar al rey, sino que se aplaude con entusiasmo al que resuelve la cuestión.
¡Juzgad qué terrible eco debÃan tener los aplausos en las TullerÃas!
Por eso era necesario que la Asamblea nacional resolviese a su vez esta formidable cuestión.