La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El herido fue colocado cuidadosamente, y los dos conductores, después de ajustarse las correas al hombro emprendieron la marcha, encaminándose el lúgubre cortejo hacia el hospital de Gros-Caillou, escoltado del joven oficial, que con su linterna en la mano iba con la cabeza baja.
Triste cosa era aquella marcha nocturna por un terreno inundado de sangre, en medio de los cadáveres inmóviles o rígidos con que se tropezaba a cada paso, o bien de los heridos, que se incorporaban para caer de nuevo pidiendo socorro.
Al cabo de un cuarto de hora se franqueaba la puerta del hospital de Gros-Caillou.