La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Los acontecimientos que acabamos de referir habían producido profunda impresión, no tan sólo en los habitantes de Villers-Cotterêts, sino también en los labradores de los pueblos inmediatos.
Ahora bien; estos labradores son una gran potencia en materia de elecciones, pues ocupa cada cual a diez, veinte o treinta jornaleros; y aunque en aquella época el sufragio fuese a dos grados, la elección dependía completamente de lo que se llamaba la campiña.
Cada hombre, al separarse de Billot y al estrechar su mano, le había dicho simplemente estas palabras:
—¡Estad tranquilo!
Y Billot había vuelto a la granja, en efecto, muy tranquilo, pues por primera vez entreveía un medio poderoso para devolver a la nobleza y a los reyes el mal que le habían hecho.
Billot sentía, no razonaba, y su deseo de venganza era ciego como los golpes que había recibido.
Entró en la granja sin decir una palabra acerca de Catalina; nadie pudo saber si había conocido su presencia, momentánea allí, y hacía un año que en ninguna circunstancia había pronunciado su nombre, como si su hija no existiese.
