La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Felipe el Hermoso envió un expreso a Bertrand de Got, que ignoraba aún completamente el alto puesto a que se le habÃa elevado, y le dio cita en el bosque de Andelys.
La noche era oscura, noche propia de evocación, y la entrevista tenÃa lugar en una encrucijada en que desembocaban tres caminos; en condiciones análogas, los que deseaban obtener favores sobrehumanos evocaban al diablo, y jurándole ser vasallos suyos, besaban la hendida pezuña de Satanás.
Pero, sin duda para tranquilizar al arzobispo, se comenzó por oÃr la misa, y después, en el momento de la elevación, el rey y el prelado se juraron el secreto; luego se apagaron los cirios; y el que ayudaba a misa se alejó seguido de los monaguillos, llevándose la cruz y los vasos sagrados, como si hubiese temido que se cometiera una profanación.
El arzobispo y el rey quedaron solos.
¿Quién dio cuenta a Villani de lo que vamos a decir, a Villani, que es quien nos lo comunica?
Satanás tal vez, que seguramente tomarÃa parte en el diálogo.
—Arzobispo —dijo el rey a Bertrand de Got—, puedo hacerte papa, y por eso he venido a verte.
—¿Dónde está la prueba? —preguntó Bertrand de Got.
—AquÃ, mÃrala —dijo el rey.