La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Gilberto no había vuelto a ver a la reina desde el día en que esta, habiéndole rogado que la esperase un instante en su gabinete, le había dejado allí para oír el plan político que el señor Breteuil trajo de Viena, y que estaba concebido en estos términos:
«Hacer con Barnave lo que se hizo con Mirabeau: ganar tiempo, jurar la Constitución, ejecutarla literalmente para demostrar que su aplicación es imposible; la Francia se enfriará y se cansará; los franceses tienen la cabeza ligera; vendrá una moda nueva y la libertad pasará.
»Si no pasa, se habrá ganado un año, y en ese intervalo nos dispondremos para la guerra».
Seis meses habían transcurrido desde esa época; la libertad no pasó, y era evidente que los soberanos extranjeros estaban a punto de cumplir sus promesas y se preparaban para la guerra.
Una mañana, Gilberto vio con extrañeza entrar en su casa a un ayuda de cámara del rey.
Su primera idea fue que este estaba enfermo y le enviaba a llamar.
Pero el ayuda de cámara le tranquilizó.
Sólo le pedía que fuese a palacio.
