La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Aún hay más: un caballero de aquella guardia, buen francés, llamado Joaquín Murat, que había querido entrar en una verdadera guardia constitucional, como lo indicaba su título, presenta su dimisión, porque se ha querido ganarle con dinero para que fuese a Coblenza.
Aquella guardia es un arma terrible en manos del rey. ¿No podría, por una orden del soberano, marchar contra la Asamblea, cercar el Picadero, hacer prisionero a los representantes de la nación, o matarlos desde el primero hasta el último? Y menos que esto, ¿no le sería dado apoderarse del rey, salir con él de París, conducirle a la frontera, e intentar una segunda fuga de Varennes, que esta vez tuviera buen resultado?
Por eso el 22 de mayo, es decir, tres semanas después del doble descalabro de Tournay y de Quievrain, Pétion, el nuevo alcalde de París, el hombre nombrado por la influencia de la reina, aquel que la trajo de Varennes, y a quien ella protege por odio al que la dejó huir, Pétion escribe al comandante de la guardia nacional, manifestando claramente sus temores respecto a la marcha posible del rey, e invitándole a observar, vigilar y multiplicar las patrullas en los alrededores…
¿Vigilar y observar qué? Pétion no lo dice.
¿Multiplicar las patrullas de los alrededores de dónde? Tampoco se indica nada.
¿Mas para qué nombrar las Tullerías y el rey?
¿A quién se observará? ¡Al enemigo!