La Condesa de Charny

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Capítulo CXXXIV

Ya se recordará la dimisión presentada por de Grave; el rey la rehusó casi, y Dumouriez la rechazó completamente.

Este último había tenido empeño en conservar a de Grave, que era su hombre, y le conservó, en efecto; pero al recibirse la noticia del doble descalabro de que hemos hablado, debió sacrificar a su ministro de la guerra.

Y le abandonó, como pastel arrojado al Cerbero de los Jacobinos para que dejase de ladrar.

En su lugar puso al coronel Servan, exdirector de los pajes, después de proponerlo al rey.

Sin duda ignoraba qué hombre comenzaba a ser su colega, y qué golpe iba a dirigir a la monarquía.

Mientras que la reina vigilaba en las buhardillas del palacio, mirando el horizonte con la esperanza de ver aquellos austriacos tan esperados, otra mujer velaba en su saloncito de la calle Guénegaud.

La una era la contrarrevolución; la otra la revolución.

Ya se comprenderá que de madame Roland es de quien hablamos.

Ella era la que había empujado a Servan hacia el ministerio, así como madame de Stael empujó a Narbona.


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