La Condesa de Charny
La Condesa de Charny ¿Huyó? ¿La dejaron escapar? ¿Pudo limar los hierros de su prisión, o sobornó al carcelero? Todo esto es misterioso como el principio de su vida, y terrible como su fin. Pero de todos modos, el resultado es que ha vuelto; de cortesana de la aristocracia, ha llegado a ser prostituta del pueblo; la nobleza la ha dado oro, y con él comprará los aceros bien templados, las pistolas embutidas de plata con que herirá a sus enemigos.
Por eso el pueblo la reconoce y la recibe con entusiasmo.
¡Con qué oportunidad llega vestida de encarnado para la fiesta del día siguiente!
La reina la vio galopar, en la noche de aquel mismo día, por delante del terrado de los Fuldenses, dirigirse desde la plaza de la Bastilla a los Campos Elíseos, y desde la reunión popular al banquete patriótico.
Asomada a la ventana de una buhardilla de las Tullerías, adonde la reina subió, atraída por los gritos que habían llegado a sus oídos, pudo ver las mesas del banquete. El vino circulaba, los cantos patrióticos eran ruidosos, y a cada brindis a la Asamblea, a la Gironda y a la libertad, los convidados amenazaban con el puño a las Tullerías.
El cómico Dugazon canta coplas contra el rey y la reina, y estos pueden oír desde el palacio los aplausos que siguen a cada estrofa.
¿Quiénes son los convidados?