La Condesa de Charny
La Condesa de Charny »Cierto que los enemigos de la nación pretenden no obrar sino con el objeto de que yo recobre mi poder; pero he probado que no era su cómplice; he obedecido a la Constitución y puesto mis tropas en campaña; es verdad que estos eran demasiado débiles; pero la Constitución no señala qué fuerza debía darles; cierto que los reuní demasiado tarde; pero la Constitución no indica en qué tiempo debía hacerlo; cierto que los campamentos de reserva hubieran podido sostenerlos; pero la Constitución no me obliga a formarlos; cierto que cuando los generales avanzaban sin resistencia por territorio enemigo, les di orden de retroceder; pero la Constitución no me ordena alcanzar la victoria; cierto que mis ministros engañaron a la Asamblea nacional, respecto al número y la disposición y la manera de provisionarlas; pero la Constitución me confiere el derecho de elegir mis ministros y de ahuyentar a los contrarrevolucionarios; cierto que la Asamblea nacional ha expedido decretos, indispensables a su juicio, para la defensa de la patria, y que yo rehusé sancionar; pero la Constitución me autoriza; cierto, en fin, que la contrarrevolución se efectúa, que el despotismo pondrá entre mis manos su cetro de hierro, que os anonadaré y que os castigaré, por haber tenido la insolencia de querer ser libres; pero todo esto se hace constitucionalmente; de mí no emana ningún acto que la Constitución condene; y por lo tanto no es permitido dudar de mi fidelidad respecto a ella y de mi celo por su defensa.