La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El pueblo había entrado en el palacio como se entra en la guarida de una fiera, y revelaba sus sentimientos por sus gritos: «¡Muerte al lobo, muerte a la loba, muerte al lobezno!».
Si hubiese encontrado al rey, a la reina y al delfín, seguramente que sin vacilar, y creyendo hacer justicia, habría cortado sus cabezas al punto.
¡Confesemos que hubiera sido una felicidad para ellos!
A falta de las personas a quienes perseguían con sus gritos, buscándolas hasta en los armarios, detrás de los tapices y debajo de las camas, los vencedores quisieron vengarse en todo, así en las cosas como en los hombres; no contentos con matar, destrozaron, con la misma impasibilidad, aquellas paredes entre las cuales se decretaron la San Bartolomé y la matanza del Campo de Marte, atrayendo terribles venganzas.
Bien se ve que no sinceramos al pueblo; muy lejos de ello, se le presenta sanguinario, como lo era; pero apresurémonos a decir que si los vencedores salieron con las manos enrojecidas por la sangre, en cambio las llevaban vacías.
