La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Así, pues, la Asamblea protegiendo al rey, a la reina y al delfín, y a la misma corte; la Asamblea decretando que el rey habitaría el Luxemburgo, es decir, un palacio, se declaraba realista.
Cierto que, como en todas las cosas, hay grados en el realismo, y lo que era tal a los ojos del municipio y la Asamblea, era revolucionario a los ojos de los demás.
¿No iba a ser reducido a prisión Lafayette por el emperador de Austria, por acusársele de revolucionario?
La municipalidad, pues, comenzaba a acusar a la Asamblea de realista; y de vez en cuando Robespierre sacaba, del agujero donde estaba oculto, su pequeña cabeza aplanada, para lanzar alguna calumnia venenosa.
Robespierre estaba precisamente a punto de indicar en aquel momento que un partido poderoso, la Gironda, ofrecía el trono al duque de Brunswick. La Gironda, ¿comprendéis bien?, es decir, la primera voz que hubiera gritado: «¡A las armas!», el primer brazo que se habría ofrecido para defender a Francia.
Ahora bien; la municipalidad revolucionaria debía, para llegar a la dictadura, contrarrestar lo que la Asamblea realista hiciese.
La Asamblea había acordado conceder al rey el Luxemburgo como alojamiento.