La Condesa de Charny
La Condesa de Charny «Cuando la patria está en peligro —había dicho Danton el 28 de agosto en la Asamblea nacional— todo pertenece a la patria».
El 29, a las cuatro de la tarde, se tocaba generala.
Sabíase ya de qué se trataba; iban a comenzar las visitas domiciliarias.
Como al golpe de una varilla mágica, apenas se oyó el primer redoble de tambores, París cambió de aspecto, y de populoso que era quedó solitario.
Las tiendas abiertas se cerraron, y todas las calles fueron ocupadas por pelotones de sesenta hombres.
En las barreras y en el río se puso guardia.
A la una de la madrugada comenzaron las visitas en todas las casas.
Los comisarios de las secciones llamaban a la puerta de la calle en nombre de la ley, y todas se abrían al punto.
Llamaban en cada habitación, siempre en nombre de la ley, y se les franqueaba el paso; también forzaban las puertas de las habitaciones que no tenían inquilinos.
Así cogieron dos mil fusiles, y se detuvo a tres mil personas.
Se necesitaba inspirar terror, y se consiguió.
