La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Pues bien, esa mujer, sabiendo que apenas se podía contar con Luis XV, que, a pesar de sus veleidades de Rey, estaba casi siempre con él, procedía así a fin de utilizarse de aquellas. Durante el consejo seguíale y se inclinaba sobre un sillón, y delante del canciller, delante de los más graves personajes, incluso los viejos magistrados, se echaba a los pies del monarca, haciendo muecas como un mono y charlando como una cotorra. Pero no se reducía todo a esto, y la extraña égérie[5] hubiera perdido tal vez su tiempo si a sus palabras no hubiera tenido el señor de Richelieu la idea de agregar un cuerpo que hiciese material la lección que repetía. Bajo el pretexto de que el paje representado en el cuadro se llamaba Barry, se compro el lienzo para ella, como si fuera un cuadro de familia. Aquel rostro melancólico, que presagia el 30 de enero de 1649, colocado en el gabinete de la joven Condesa, fue testigo de sus locas carcajadas y de sus lascivos juegos, pues he aquí para qué le servía el retrato: riendo siempre cogía a Luis XV la cabeza, y conduciéndole ante el cuadro, le decía: «¡Mira, Francia, aquí tiene un Rey a quien cortaron el cuello porque era débil con su parlamento; ten consideraciones con el tuyo!». Luis XV disolvió su parlamento y murió tranquilamente en el trono. Entonces nosotros desterramos a esa mujer, con la cual debíamos haber sido tal vez más indulgentes. El cuadro se quedó en las buhardillas de Versalles, y jamás pensé ni siquiera preguntar qué había sido de él… Ahora, ¿cómo es que lo encuentro aquí? ¿Quién ha mandado traerle? ¿Por qué me sigue, o más bien, por qué me persigue?