La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Y después de mover tristemente la cabeza, Luis XVI añadió:
—¿No habrá en esto, doctor, alguna fatalidad?
—SÃ, una fatalidad si ese retrato no os dice nada, señor; pero una providencia si os habla.
—¿Cómo queréis que semejante retrato no hable a un Rey que se halla en mi situación, doctor?
—Después de haberme permitido decir la verdad, ¿permite Vuestra Majestad que le interrogue?
Luis XVI pareció vacilar un momento.
—Hablad —replicó.
—¿Qué dice ese retrato a Vuestra Majestad, señor?
—Me dice que Carlos I perdió la cabeza por haber hecho la guerra a su pueblo, y que Jacobo II perdió el trono por haberle dejado.
—En ese caso ese retrato es como yo, señor, dice la verdad.
—¿Y bien?… —preguntó el Rey, solicitando la contestación con los ojos.
—Pues bien, ya que el Rey me ha permitido interrogarle, le preguntaré qué contesta ese retrato que tan lealmente le habla.
—Señor Gilberto —dijo el Rey—, os aseguro bajo mi palabra de caballero, que aún no he resuelto nada: tomaré consejo de las circunstancias.