La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El hombre siniestro del 14 de julio, del 5 y 6 de octubre, del 20 de junio, del 10 de agosto, debía ser también el hombre del 2 de septiembre.
Pero el portero del Châtelet quería aplicar una forma, una marcha solemne, una apariencia de legalidad al asesinato. Quería que se matase a los aristócratas, pero quería que muriesen legalmente; muertos o absueltos, habían de serlo por un decreto del pueblo, que él miraba como el sólo juez infalible.
Cerca de doscientas personas habían sido degolladas antes de que Maillard constituyese su tribunal.
Una sola había sido indultada: el abate Sicard.
Otros dos que, presos en el tumulto, saltaron por una ventana, se hallaron en medio de la junta de la sección que celebraba sus reuniones en la Abadía. Esos presos eran el periodista Pariseau, y el intendente del palacio de la Chapelle. Los individuos de la junta hicieron que los fugitivos tomasen asiento en medio de ellos, y consiguieron salvarlos. No se agradezca, pues, a los asesinos el que estas dos personas escapasen, no fue por culpa suya.
