La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Entremos, pues, en ese sombrío edificio, el cual encierra un rey que ha vuelto a ser hombre, a una reina que ha seguido siéndolo, a una virgen que será mártir, y a dos pobres niños inocentes por su edad, si no por su nacimiento.
El rey se hallaba en el Temple. ¿Cómo había venido? ¿Era para someterle ante todo a una vergonzosa prisión?
No; Pétion pensó primero en trasladarle al centro de Francia, señalándole Chambord por residencia, y tratarle allí como rey holgazán.
Supóngase que todos los soberanos de Europa hubiesen impuesto silencio a sus ministros y a sus generales, sin hacer manifestaciones, y se hubieran contentado con mirar lo que pasaba en Francia, sin mezclarse en la política interior de los franceses; entonces la destitución decretada el 1 de agosto, la vida, aun como prisioneros en un hermoso palacio, en un agradable clima, en medio de lo que se llama el jardín de Francia, no habría sido un castigo muy cruel para quien expiaba, no sólo las faltas que hubiese podido cometer, sino las de Luis XV y de Luis XIV.
Acababa de sublevarse la Vendée, y se objetó que sería posible un golpe de mano por el Loira. La razón pareció suficiente y se renunció a Chambord.