La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —SÃ, el señor conde de la Marck, ya sé eso, y harto le reprendemos todos los dÃas por eso.
—Vuestra Majestad, por el contrario, debÃa prohibirle bajo pena de muerte que se indisponga con él.
—¿Y qué importancia queréis que tenga en los asuntos públicos un hidalguillo como el señor Riquetti de Mirabeau?
—En primer lugar, señor, permitidme deciros que el señor Mirabeau es caballero y no hidalguillo. Hay pocos en Francia que daten del siglo XI, puesto que para conservar algunos a su alrededor, nuestros Reyes tuvieron la indulgencia de no exigir de aquellos a quienes conceden el honor de subir a sus carrozas sino pruebas de 1399. No, señor, no es un hidalguillo, cuando desciende de los Arrighetti de Florencia, los cuales, después de una derrota del partido gibelino, llegan a establecerse en Provenza; no es un hidalguillo porque haya tenido un abuelo que era comerciante en Marsella, pues bien sabéis, señor, que la nobleza de este punto, asà como la de Venecia, tiene el privilegio de no rebajarse cuando comercia.
—¡Es un hombre relajado —interrumpió el Rey—, un verdugo de reputaciones, un abismo de dinero!