La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Y me preguntó: «¿Por qué no anda eso, Gamain?». Yo le dije: «Señor, es menester que yo examine la cerradura», y él me contestó: «Tienes razón». Entonces yo examiné la cerradura, y le dije: «¿Sabéis por qué no anda?». «No, me contestó, puesto que te lo pregunto». «Pues bien; no anda, señor —en aquella época le llamaban todavía señor—, no anda señor… es muy claro, porque no anda». Escuchadme con atención, porque no siendo tan fuerte en cerrajería como el rey; no podréis entenderme. Antes de todo, es menester que sepáis la diferencia que hay entre una cerradura de cofre y otra cualquiera; una cerradura bernarda, por ejemplo.
—Eso es para mí absolutamente igual, amigo mío —contestó Roland—; no siendo, como habéis adivinado, tan entendido en cerrajería como el rey, no conozco la diferencia que hay entre una cerradura bernarda y una de cofre.
—Ahora veréis esa diferencia, clara como el agua.
—Es inútil. Decíais que explicasteis al rey…
—Por qué la cerradura no cerraba. ¿Os explico el por qué?
—Si queréis… —dijo Roland, que empezaba a creer que sería mejor dejar a Gamain en su prolijidad.