La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Pues bien; no cerraba, porque, aunque la guarda enganchaba bien la barba grande, y esta trazaba bien su medio cÃrculo, después, como no estaba cortada al sesgo… pues claro está, no escapaba, y ahà está la cosa. Esto es claro como el agua, ¿no es verdad? Y como la distancia que recorrÃa la barba era de seis lÃneas, el espaldón debÃa tener una… ¿comprendéis?
—¡Oh!, sÃ, perfectamente —dijo Roland, que no habÃa entendido ni una palabra.
—«¡Ahà está! —dijo el rey—. Pues bien; Gamain, haz lo que yo no he podido hacer. ¿No eres tú mi maestro?». «¡Ya se ve que sÃ! No ya vuestro maestro, señor, sino maestro de los maestros y maestro de todos».
—Proseguid.