La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero por primera vez, aquel ruidoso grito que habÃa hecho estremecer de alegrÃa los pueblos, se extinguió sin eco. ¡La República tenÃa en la frente una de esas manchas fatales que no se borran jamás!; acababa de cometer, como lo dijo más tarde un gran diplomático, más bien que un crimen, una grave falta.
En ParÃs hubo un inmenso sentimiento de estupor, que en algunas personas llegó a la desesperación: una mujer se arrojó al Sena, un peluquero se degolló, un librero se volvió loco, y un antiguo oficial murió por efecto de la angustiosa impresión que la noticia le produjo.
En fin, al abrirse la sesión de la Convención, el presidente abrió una carta, cuyo autor era un hombre que pedÃa que el cuerpo de Luis XVI le fuese entregado para enterrarlo junto a su padre.
Sepamos ahora lo que se hizo con aquel cuerpo y aquella cabeza separados por la guillotina.
No conocemos relato más terrible que el texto mismo de la sumaria de inhumación: hela aquà tal como se redactó el mismo dÃa:
Sumaria de la inhumación de Luis Capeto: