La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Mientras que Gilberto se alejaba preso de un terror desconocido que le inspiraba, no la parte verdadera, sino la invisible y misteriosa de los acontecimientos, el marqués de Favras entraba, como ya hemos dicho, en la habitación de Luis XVI.
Asà como lo habÃa hecho el doctor Gilberto, se detuvo en la puerta, más el Rey, habiéndolo visto desde su entrada, hÃzole seña para que se acercase.
Favras se adelantó e inclinóse, esperando respetuosamente a que el Rey le dirigiera la palabra.
Luis XVI, fijó en él esa mirada investigadora que parece formar parte de la educación de los reyes, y que es más o menos superficial, más o menos profunda, según el carácter de aquel que la emplea y la aplica.
Tomás Mahy, marqués de Favras, era un caballero de aire distinguido, de cuarenta y cinco años de edad, de aspecto elegante, expresión resuelta y fisonomÃa franca.
El examen fue favorable, y una sonrisa pasó por los labios del Rey cuando se entreabrÃan para interrogarle.
—¿Sois el marqués de Favras, caballero? —preguntó el Rey.
—SÃ, señor.
—¿Deseabais serme presentado?
