La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Era tanto más fácil para el desconocido confundirse en la multitud cuando que esta era muy numerosa.
Se titulaba vanguardia del cortejo del Rey, de la Reina y del Delfín.
Había salido de Versalles, según dijo el Rey, a eso de la una de la tarde.
La Reina, el Delfín, madame Royale, el conde de Provenza, madama Isabel Andrea, habían tomado asiento en la carroza.
Cien coches conducían a los individuos de la Asamblea nacional que se habían declarado inseparables del Rey.
El conde de Charny y Billot se habían quedado en Versalles, para cumplir con los últimos deberes respecto al barón Jorge de Charny, muerto, como ya hemos dicho, en aquella terrible noche del 5 al 6 de octubre, y para evitar que se mutilase su cuerpo, como se habían mutilado los de los guardias de corps Varicourt y Deshuttes.
Aquella vanguardia, de la cual hemos hablado ya, y que había salido de Versalles dos horas antes que el Rey, precediéndole en un cuarto de hora poco más o menos, se había reunido en cierto modo con los que llevaban las dos cabezas de los guardias a guisa de bandera.
Como la vanguardia se había detenido delante de la taberna del puente de Sevres, las cabezas quedaron inmóviles.
